Archive for the ‘artículos en Sur’ Category

Cincuenta kilos

Jueves, 12 junio, 2008

Ahora desconvocan las protestas los transportistas y deberíamos de empezar con las nuestras los consumidores, que estos días hemos pasado a convertirnos en acumuladores. En el centro de salud un señor comentaba, orgulloso, haber comprado cincuenta kilos de patatas. La gente sale de sus trabajos y hace escala en algún supermercado para recorrer pasillos con los carros cargados. Ahora desconvocan las protestas los transportistas y pasarán semanas hasta que volvamos a comprar, pues habrá que consumir antes las cajas de latas de conservas amontonadas en el cuarto de los niños, que preguntan por qué tanta comida, papi, y hay que responderles es que hay crisis, niño, calla, y el niño insiste: y si hay crisis cómo que la gente compra tanto; y ya sólo queda la solución última: yo qué sé, niño, pregúntale a tu madre. La protesta fastidia, pero la filosofía de base es comprensible: si un camionero invierte 100€ y recibe de ganancia neta sólo 80€, pues eso. Eso y los piquetes, hay que fastidiarse. De todas formas esa filosofía ya la conocíamos, pero cuando no nos afecta directamente nos olvidamos de la filosofía y nos acercamos a las matemáticas. La dependencia del petróleo es excesiva, ¿nunca lo habíamos escuchado? A nivel profesional la solución es complicada (aunque ahí están esas cincuenta y cuatro medidas), y a nivel particular queda el transporte público y la bicicleta, y el coche para situaciones que imposibiliten las otras opciones. Es que nos creíamos que esto era el paraíso; que a veces lo parece, pero no lo es.

Ya se escuchan las primeras voces exigiendo dimisiones. Exigir la dimisión de alguien es demasiado fácil, y por otro lado dimitir es demasiado difícil. Además, si el petróleo sube quién tiene la culpa. En el Reino Unido (que no está tan unido) para que un cargo dimita basta con que se descubra una infidelidad conyugal, mezclándose la alcoba con el despacho, algo que aquí no ocurre, y eso que lo intentó el actual ministro de Industria, cuando se cubrió de basura al mostrar una foto de una supuesta amante de Ruiz Gallardón en un debate con éste, lo que pasa es que por aquí se piensa al revés: debería dimitir el que muestra la foto, el que mete la nariz en una alcoba a la que no ha sido invitado. Aquí en Málaga ha dimitido Salomón Castiel, cansado de que Moreno Brenes, dicen, le pida que presente las cuentas de su aplaudida gestión. En vez de dimitir podría simplemente haberlas presentado, incluso pidiendo que no saliesen de la comisión reunida a tal efecto, aunque parece que la gente ha quedado contenta así. Y es que nunca se sabe qué basta para alegrar los corazones: tanta preocupación por el desabastecimiento se la lleva de un plumazo los cuatro goles de la selección. Y entre gol y gol, seguramente, el señor del centro de salud habrá estado contando sus patatas, ¿cuántas habrá en un saco de cincuenta kilos?

Busco español que pasee a mi abuelo

Jueves, 22 mayo, 2008

La elección del candidato (o candidata, aunque cada vez más difícil) que represente a los demócratas en las presidenciales de los Estados Unidos se alarga, y nosotros con ella. Mucho más cerca, en Italia, de la campaña presidencial no sólo no nos enteramos sino que casi ni se enteran los mismos italianos, cansados, dicen, como si no les importase quién saliese elegido, como si todos pudiesen refugiarse ahora en esa casi mitad de votantes que no optó por Berlusconi, al que todos –también nosotros- tenemos que tragarnos unos añitos, otros. Berlusconi es un tipo grande, un caballero que juega sucio y permanece indemne, que tiene causas pendientes con la justicia y cambia leyes que le permiten salir airoso, dueño y señor de los principales medios de comunicación, jugando a ser Ciudadano Kane y aprovechando cualquier estrado para soltar un chiste que todos le ríen, qué simpático es el abuelo, jajajá. Berlusconi en esta nueva legislatura se ha comprometido con Nápoles, anunció, y como lo prometido es deuda, al menos esta vez, su primera reunión ministerial la ha celebrado en la bella ciudad mediterránea. Porque la ciudad, derramada en esa impresionante bahía bajo un volcán, es bella para nosotros que podemos visitarla y quedarnos cuatro días, y es que al quinto empieza a molestar que ningún coche se detenga cuando el semáforo indica que le toca cruzar al peatón, que no haya parques, que nos hagan creer que la suciedad es inherente al carácter mediterráneo, que la sanidad pública apenas funcione. Lo que sí funciona en Nápoles es un estado paralelo, por eso está bien lo de los cuatro días, para sólo conocerlo por los comentarios de nuestros anfitriones.

En Nápoles han sido desalojados varios campamentos de rumanos (en numerosos periódicos se nos informa solamente de que son gitanos, alguien debería informarnos también de por qué escoger la raza en vez de la nacionalidad, ya que seguidamente hablan de inmigración ilegal), algunos de esos campamentos han ardido, y a estos hechos se llega por elementos xenófobos, por el cansancio de los vecinos y por los intereses de la Camorra, ese estado paralelo que también está detrás del que se decía era el principal problema de Nápoles: la basura acumulada en las esquinas. Entonces llega Il Cavaliere con sus maneras y su sonrisa y celebra allí su primer consejo de ministros; sin embargo, curiosamente no se habla de basura (aunque es basura lo que se habla) sino de inmigración ilegal, proponiéndose que ésta constituya un delito. Las razones para centrar el discurso en la inmigración ilegal se justifica en la seguridad, precisamente en Nápoles, la capital de la Camorra, de la que tampoco se habla. Y algunos políticos españoles realizan algún comentario crítico con timidez que más tarde matizan, como si estuvieran en un bar, donde uno dice Diego donde dijo digo y todos tan contentos. Como si no fuesen capaces de elaborar un discurso crítico certero que no cayese en el insulto y del que no hubiese que desdecirse. Berlusconi es un tipo peligroso al que conviene evitar, y sus ideas encontrarán algunos oídos por estos lares, por lo que esas críticas también deberían encontrar oídos. Italia se precipita por un túnel oscuro, diferentes familias mafiosas se reparten un pastel cuyas migajas llegan a demasiados rincones, y el problema son los rumanos que entran ilegalmente, ¿no, Cavaliere?

Nápoles no es más que una metáfora de este mundo que acumula basuras, y donde ahora resulta que los inmigrantes ilegales, los parias, tienen la culpa. A la cárcel con todos. Y empecemos nosotros a fregar nuestros propios suelos y a pasear a nuestros propios abuelos, claro.