El pasillo de mi casa es particular

He pasado la noche en el punto equidistante de las toses. Mi madre tose en la sala de estar del fondo, mi padre en el salón, mi hermana en su cuarto, mi hermano en la cocina. Blandiendo los apuntes de matemáticas del último curso (que jamás logré aprobar) he trazado fórmulas y hallado el punto exacto del pasillo donde todas las toses confluyen, y allí he colocado un cojín y me he sentado encima. La noche ha sido larga. Hoy todos tosen y yo estornudo, y tras cada estornudo debo extender una bayeta para limpiar la pantalla del ordenador. Ahora atardece y aún no sé dónde pasaré la noche que se avecina. Mi madre pregunta a mi hermana qué hace un cojín en el pasillo, mi hermano me pide que tome algo para el resfriado, que con mis estornudos no se concentra. Mi padre tose al fondo, en el salón. Y yo, entre estornudo y estornudo, pienso en el misterio de las toses que se unen en mi estornudo.

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