Madre no hay más que una

Menuda faena, al morir su padre un joven se preocupa por la soledad que rodeará ahora a su madre, tan triste y tan viuda. Decide comprarle un perro. Dos días después suena el teléfono, pero esa llamada no interesa para nada en esta historia y la alargaría sin necesidad. Cuatro días después recibe otra llamada: su madre ha muerto, el perro de presa que su hijo le regaló la ha devorado. El joven se siente apenado y además tiene una nueva obligación: alimentar al perro, acostumbrado encima a la carne materna. Pero madre no hay más que una.

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