LA INFALIBILIDAD DE GARRIGA VELA

Termino de leer la última novela de José Antonio Garriga Vela, “Pacífico”, ese derroche de literatura apaciblemente dura, suavemente salvaje, como estar en la orilla y que una lámina de agua lama nuestras piernas, una lámina que llamamos ola pero que es incapaz de sostener al menor de los surfistas, un surfista enano, más que enano, o menos, el madelman surfista, el clic de playmobil surfista (¿por qué playmobil y no famobil, como cuando éramos chicos y pedíamos a los reyes el barco pirata de los clic y se lo traían a nuestro hermano?, ¿fa mobil era primo de play mobil y se quedó con el negocio?, ¿también con su mujer?, ¿y los hijos?), un novelón en definitiva, publicado por la editorial anagrama, con sus 175 páginas que se agradecen, joeeer con los novelones de 700, que para eso hay que ser Dostoievski.

Bueno, termino de leer “Pacífico” y comienzo inmediatamente después “Los hombres duros no bailan” (Tough guys don´t dance) de Norman Mailer, el del impresionante “Los desnudos y los muertos”, y descubro que todo está relacionado. La novela de Garriga Vela transcurre casi exclusivamente en la calle Comercio de Barcelona, los personajes de Mailer se mueven alrededor de la calle del Comercio en un pequeño pueblo de la costa estadounidense, en ambas hay personajes que saben quién llama por teléfono antes de descolgar (ahora es más fácil porque las pantallas de los teléfonos son chivatas pero en aquellos tiempos, …ah, qué tiempos), en las dos aparece Hemingway, mucho más en la de Garriga, que es más corta, lo cual me parece injusto, creo que todos los novelistas deberíamos compartir las apariciones de Hemingway, que era el escritor más chachi:

-¿Cómo era Heming?

-Way.

En fin, resulta divertido esto de las casualidades. La repanocha habría sido que en la novela de Mailer apareciese Garriga, o en una de Dostoievski, al final, en la página 699, y que sonase el timbre (ahora no nos vamos a poner a investigar si en esa época era normal que sonase el teléfono) y Garriga dijera es el cartero y realmente fuese el cartero, y después dijese trae carta de Hemingway, pero la carta no fuera de él sino de Norman Mailer, o a lo mejor el cartero (“mailer”) fuese Mailer y la carta sí de Hemingway, y entonces Garriga sería infalible.

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