Cincuenta kilos

Ahora desconvocan las protestas los transportistas y deberíamos de empezar con las nuestras los consumidores, que estos días hemos pasado a convertirnos en acumuladores. En el centro de salud un señor comentaba, orgulloso, haber comprado cincuenta kilos de patatas. La gente sale de sus trabajos y hace escala en algún supermercado para recorrer pasillos con los carros cargados. Ahora desconvocan las protestas los transportistas y pasarán semanas hasta que volvamos a comprar, pues habrá que consumir antes las cajas de latas de conservas amontonadas en el cuarto de los niños, que preguntan por qué tanta comida, papi, y hay que responderles es que hay crisis, niño, calla, y el niño insiste: y si hay crisis cómo que la gente compra tanto; y ya sólo queda la solución última: yo qué sé, niño, pregúntale a tu madre. La protesta fastidia, pero la filosofía de base es comprensible: si un camionero invierte 100€ y recibe de ganancia neta sólo 80€, pues eso. Eso y los piquetes, hay que fastidiarse. De todas formas esa filosofía ya la conocíamos, pero cuando no nos afecta directamente nos olvidamos de la filosofía y nos acercamos a las matemáticas. La dependencia del petróleo es excesiva, ¿nunca lo habíamos escuchado? A nivel profesional la solución es complicada (aunque ahí están esas cincuenta y cuatro medidas), y a nivel particular queda el transporte público y la bicicleta, y el coche para situaciones que imposibiliten las otras opciones. Es que nos creíamos que esto era el paraíso; que a veces lo parece, pero no lo es.

Ya se escuchan las primeras voces exigiendo dimisiones. Exigir la dimisión de alguien es demasiado fácil, y por otro lado dimitir es demasiado difícil. Además, si el petróleo sube quién tiene la culpa. En el Reino Unido (que no está tan unido) para que un cargo dimita basta con que se descubra una infidelidad conyugal, mezclándose la alcoba con el despacho, algo que aquí no ocurre, y eso que lo intentó el actual ministro de Industria, cuando se cubrió de basura al mostrar una foto de una supuesta amante de Ruiz Gallardón en un debate con éste, lo que pasa es que por aquí se piensa al revés: debería dimitir el que muestra la foto, el que mete la nariz en una alcoba a la que no ha sido invitado. Aquí en Málaga ha dimitido Salomón Castiel, cansado de que Moreno Brenes, dicen, le pida que presente las cuentas de su aplaudida gestión. En vez de dimitir podría simplemente haberlas presentado, incluso pidiendo que no saliesen de la comisión reunida a tal efecto, aunque parece que la gente ha quedado contenta así. Y es que nunca se sabe qué basta para alegrar los corazones: tanta preocupación por el desabastecimiento se la lleva de un plumazo los cuatro goles de la selección. Y entre gol y gol, seguramente, el señor del centro de salud habrá estado contando sus patatas, ¿cuántas habrá en un saco de cincuenta kilos?

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