Normalidad en el frente

Las cosas que han pasado han pasado, está claro, pero la forma de percibirlas por los afectados puede ser muy diferente y este hecho indicar por dónde anda una sociedad. Han detenido en Sevilla al conductor de un autobús sin permiso de conducir y superando cinco veces (cinco veces todas juntas, o sea: quintuplicando) la tasa de alcoholemia permitida. Conducía un autobús que habían contratado un grupo de jóvenes para celebrar una despedida de solteros y poder beber alcohol. El caso es que pillan al tipo, lo detienen, y es noticia. Algo ha cambiado: escandaliza, aunque sea un poco.

Pero en otra noticia se percibe el efecto contrario, el de asimilación de algo que debería escandalizar: leo en diario Sur que una mujer ha muerto en el barrio de La Palmilla, en Málaga, de un disparo. La mujer (de 32 años y madre de dos hijos pequeños) salió al supermercado mientras su marido iba a recoger al cole a los niños, y volviendo de la compra fue alcanzada por una bala perdida que provenía de una disputa entre vecinos. ¡Dice el periódico disputa entre vecinos! (o un apelativo similar). ¿Cuándo uno tiene una disputa con su vecino se lleva la pistola -del calibre 45 para ser más exactos, el mayor en armas cortas-?, ¿si se la lleva la usa? y, sobre todo, ¿de dónde narices saca el vecino una pistola? En una disputa entre vecinos, si es muy acalorada, alguien puede llegar a subir la voz, incluso a llamar al otro maleducado, egoísta, incluso estúpido, y ya sería medio gorda, pero una pelea en la que se usan pistolas, mire usted, es algo diferente, y en la noticia sólo sirve de telón de fondo, no se especifica, como si fuera eso: lo más normal del mundo. Otro mundo es posible, dicen, o desean, algunos, pero a veces parece que es que vivimos ya en otro mundo, un mundo que huele regular.

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Una respuesta to “Normalidad en el frente”

  1. Pablo Says:

    A veces creo que, rodeados como andamos de espejos, hemos llegado a medirnos por el envase. Así que hemos concluido que todos los que parezcan personas (esto es, que tengan cabeza, tronco y extremidades, más o menos completos, mejor o peor dispuestos) son personas.
    Y por ese camino, llegamos a pensar que, para tener las virtudes humanas, basta con presentar la distribución descrita de cabeza-tronco-extremidades.
    Pero resulta que ese aspecto lo tenían la difunta y su agresor, al menos hasta el asesinato. Los dos son (o eran) personas; pero seguro que no de la misma especie.

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